| Viatge cicloturista a Dinamarca |
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La elección de Dinamarca como destino para disfrutar de
nuestro viaje anual cicloturista, se forja años antes, cuando un amigo que
visitó Copenhague nos habló de una ciudad preciosa y un paraíso para las
bicicletas. Ahora podemos certificar que sus palabras eran ciertas.
El viaje en concreto se gesta meses antes, después de
navidad, época en la cual nos empezamos a plantear ¿a dónde vamos con nuestras
bicis en Semana Santa?... los años anteriores fue el Camino de Santiago, los
castillos del Loira, El Algarve portugués, Holanda, Suiza, la ruta del Rhin y
el Sur de Inglaterra el pasado año.
Del grupo inicial formado por unos amigos de Ciudad Real a
mediados de los noventa, algunos se han
ido descolgando en el camino, pero también otros nuevos han aparecido. Para
esta nueva aventura, tres fuimos los
osados en enfrentarnos al país de las pastas de mantequilla en esta
época del año, marcada por la inestabilidad del tiempo y unas temperaturas que
oscilaban entre 3 y 10 grados. Y
efectivamente, fue el tiempo nuestro mayor obstáculo, con el permiso de los
operarios de Easy Jet en Londres, empeñados en cuestionar la viabilidad de
introducir bicicletas en un avión por razones “de seguridad”... al final
Durante las últimas semanas la planificación consistió en
explorar vía Internet qué posibilidades nos ofrecía este país teniendo en
cuenta el tiempo de estancia, 7 días y que nosotros no somos ni pretendemos ser
máquinas de comer kilómetros. La definición con la que nos identificaríamos
sería la de viajeros en bicicleta, donde el disfrutar del camino y de las
experiencias que surgen alrededor de éste, son el verdadero aliciente. En este
planteamiento entrarían las cervezas como recompensa ineludible al final del
día, el “contacto” directo con la gente que vas conociendo y la “contemplación
de la vida a
Así pues, sobre el mapa, el viaje se suscribiría únicamente
a Selandia (Sjaelland), la isla de Copenhage y proseguiría cruzando a Suecia
por Helsingor y recorriendo sus costas hasta la ciudad de Malmö (unos
Finalmente desechamos esta opción debido a varios factores:
las condiciones climatológicas en Suecia se preveían aún más duras que en
Dinamarca, el precio que podían alcanzar en este país los productos básicos,
incluida la cerveza, eran desorbitados, y las condiciones para la práctica ciclista
son inferiores que en el país vecino. El que la guía Michelin
(htt//www//viamichelin.net) destacara la costa que Danesa que discurre entre
Copenhague y la norteña Helsingor también nos ayudó a quedarnos en Selandia
Tras estas consideraciones, comencemos a contar lo que fue
el viaje en esta primera parte que hemos llamado planteamiento. Como decíamos
Dinamarca nos seducía por ser un país muy llano, bien acondicionado para
recorrerlo con una bicicleta y bello para ser conocido. La fecha, la única posible para nosotros: la
semana de Semana Santa. En total han sido 7 días plenos de disfrutar de una
pasión que repetimos año tras año: conocer una región mediante la práctica de
nuestro deporte favorito: el ciclismo.
El viaje de ida duró más de lo previsto por los problemas de
Easy Jet en el aeropuerto de Stansted al
facturar las bicicletas sin empaquetar (tomar nota para otra vez). Nos hicieron
perder nuestro avión que salía para Copenhague a las 10 de la mañana y tuvimos
que partir en el de las 13:30, después de pasar toda la noche en el aeropuerto
y perder una mañana en nuestro lugar de destino.
Una vez en Kobenhavn (que así lo llaman ellos), la lluvia y
un tiempo desapacible nos dio la bienvenida. En fin, el país nos recibía con
los augurios más pesimistas sobre las condiciones climatológicas.
Afortunadamente y como descubrimos más
adelante, eso de “la inestabilidad temporal” tiene sus ventajas, porque el
tiempo también tiene la virtud de cambiar a mejor en cuestión de minutos, algo
chocante para tres oriundos mesetarios como nosotros.
O sea, que una vez montadas las bicicletas en un rincón del
impoluto aeropuerto de Kobenhavn, el sol se abrió paso entre las nubes negras
dando lugar a una bonita tarde, más de otoño que de primavera, pero sin lluvia,
y sin apenas rastro de ésta en el asfalto. Con lo cual podíamos comenzar ya a
dar pedales en lugar de abordar la ciudad en tren, que era lo previsto en un
principio al recibirnos la lluvia. La siguiente sorpresa fue comprobar como un carril bici perfectamente acondicionado nos esperaba para conducirnos directamente a la ciudad. Las tensiones de las últimas horas parecían diluirse y el viaje comenzaba realmente.
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