Ciclistas incívicos |
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ÓSCAR MUÑOZ. Barcelona
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Aceras convertidas en pistas para bicis. Esto es cada vez más habitual en Barcelona. Basta con darse una vuelta por algunas calles de Ciutat Vella y del Eixample para comprobarlo. Las ordenanzas municipales permiten la circulación de ciclistas por el espacio que es del peatón, aunque con limitaciones y siempre respetando a los viandantes, que deben tener prioridad (véase recuadro superior). Sin embargo, la realidad es otra: los vehículos de dos ruedas sin motor campan a sus anchas, a veces de manera temeraria, por las aceras. Barcelona Camina reclama al Ayuntamiento acciones urgentes para frenarlo. "Hay una indisciplina generalizada que ya empieza a notarse en todos los barrios", denuncia el presidente de esta asociación, Joan Estevadeordal, quien considera que se ha llegado a este extremo porque "el creciente uso de la bicicleta como vehículo urbano ha desbordado todas las previsiones de los responsables municipales y éstos no han sido valientes a la hora de dar más espacio a las bicis quitándoselo a los coches o, al menos, pacificando el tráfico rodado". El resultado es, según Estevadeordal, que "las bicis circulan por las aceras como si fuesen por la calzada". Y eso, añade, "es muy peligroso". Las personas mayores son las más sensibles. "Antes se sentían amenzadas por los coches y ahora por las bicis", añade. El fenómeno es, además, contagioso. Los ciclistas que van por los espacios peatonales correctamente también dan miedo. Estevadeordal pide campañas de sensibilización, más control de la Guardia Urbana y señales que avisen de los límites de circular por las aceras. Las entidades de usuarios de la bici coinciden con Barcelona Camina en que cada vez hay más ciclistas en las aceras, pero creen que esto no supone un problema importante para los viandantes. "Por culpa de una minoría incívica, se mancha la imagen de todos los ciclistas", dice Diana González, portavoz del Bicicleta Club de Catalunya (BACC). Sobre las causas del fenómeno, González tampoco difiere de los puntos de vista de los peatones: "La bicicleta ha pasado de ser un vehículo deportivo o de ocio a un medio de transporte por la ciudad -explica González- y este cambio se ha hecho sin que se explique lo que supone, tanto para los propios ciclistas como para los peatones y conductores". La otra razón es que los carriles bici no convencen. O que los coches dan miedo. "El ciclista busca el medio más seguro y si la calzada no le da garantías, elige la acera", añade. Jordi Portabella, presidente de la Comisión Cívica de la Bicicleta y del Peatón, defiende la acción del Ayuntamiento. "El esfuerzo que estamos haciendo para promocionar la bicicleta está acompañado por otro esfuerzo, también importante, para extender una cultura de la bici en la ciudad", sostiene el concejal de ERC. Entre otros ejemplos, Portabella cita la Setmana de la Bicicleta, que se celebra estos días, "en la que se explica lo que supone este vehículo en un gran número de actividades que llegan a muchas personas". Pero, como a pesar de todo, la bici sigue siendo fuente de problemas, el Ayuntamiento, a propuesta de la Comisión Cívica de la Bicicleta y el Peatón, impulsará este año una amplia campaña de sensibilización ciudadana para mejorar la relación entre ciclistas y conductores, por un lado, y entre ciclistas y peatones, por otro. Los conflictos se dan en varias situaciones. Una, en carriles bici situados en las aceras o en zonas que antes eran de viandantes. El caso paradigmático es el de la Diagonal. Hay tramos en los que el carril pasa junto a paradas de autobús y quioscos. Aunque no le gusta este diseño, Portabella lo justifica por "la necesidad de tener esta conexión, que es estratégica, antes de que se decida o no remodelar la avenida, lo cual llevará mucho tiempo". Caso distinto es el de la rambla Catalunya o el del paseo de Gràcia. No tienen carriles para bicis y los ciclistas van por las aceras. "Cuando el problema es de incivismo, no hay discusión, debe perseguirse", reconoce Portabella. La creciente ocupación de las aceras por los ciclistas no ha supuesto un aumento significativo del número de denuncias de la Guardia Urbana. Al contrario, las que se refieren a situaciones en las que la bici pone en peligro al viandante han disminuido. De 192 que se pusieron en el 2002, se pasó a 119 el año pasado. Entre enero y abril pasado, se cursaron 33 denuncias. Si se mantiene este ritmo, el 2004 se saldará con una cifra inferior a la del 2003. El número de multas por saltarse las señales de tráfico subió el 2003, pero este año también se está reduciendo. |