Viaje Cicloturista Dinamarca Abril 2004. (I) PLANTEAMIENTO
per Miguel Campos

La elección de Dinamarca como destino para disfrutar de nuestro viaje anual cicloturista, se forja años antes, cuando un amigo que visitó Copenhague nos habló de una ciudad preciosa y un paraíso para las bicicletas. Ahora podemos certificar que sus palabras eran ciertas.

El viaje en concreto se gesta meses antes, después de navidad, época en la cual nos empezamos a plantear ¿a dónde vamos con nuestras bicis en Semana Santa?... los años anteriores fue el Camino de Santiago, los castillos del Loira, El Algarve portugués, Holanda, Suiza, la ruta del Rhin y el Sur de Inglaterra el pasado año.

Del grupo inicial formado por unos amigos de Ciudad Real a mediados de los noventa, algunos se han ido descolgando en el camino, pero también otros nuevos han aparecido. Para esta nueva aventura, tres fuimos los osados en enfrentarnos al país de las pastas de mantequilla en esta época del año, marcada por la inestabilidad del tiempo y unas temperaturas que oscilaban entre 3 y 10 grados. Y efectivamente, fue el tiempo nuestro mayor obstáculo, con el permiso de los operarios de Easy Jet en Londres, empeñados en cuestionar la viabilidad de introducir bicicletas en un avión por razones "de seguridad"... al final 15 libras por bicicleta para paliar posibles daños al scanner del aeropuerto nos permitió regresar con nuestras compañeras de dos ruedas, alternativa que en futuros viajes a este país yo me plantearía seriamente, dado el número de tiendas y empresas de alquiler de bicicletas que existe en toda Dinamarca.

Durante las últimas semanas la planificación consistió en explorar vía Internet qué posibilidades nos ofrecía este país teniendo en cuenta el tiempo de estancia, 7 días y que nosotros no somos ni pretendemos ser máquinas de comer kilómetros. La definición con la que nos identificaríamos sería la de viajeros en bicicleta, donde el disfrutar del camino y de las experiencias que surgen alrededor de éste, son el verdadero aliciente. En este planteamiento entrarían las cervezas como recompensa ineludible al final del día, el "contacto" directo con la gente que vas conociendo y la "contemplación de la vida a 15 kilómetros por hora", con pausas y paradas en todos los momentos del camino que consideremos oportuno, independientemente de un rígido plan previo.

Así pues, sobre el mapa, el viaje se suscribiría únicamente a Selandia (Sjaelland), la isla de Copenhage y proseguiría cruzando a Suecia por Helsingor y recorriendo sus costas hasta la ciudad de Malmö (unos 70 kilómetros) para cruzar desde aquí, de nuevo a Copenhague y dar por finalizada la aventura. En total y sobre el papel serían 250 Kilómetros, por tanto la media era bastante asequible: unos 40 kilómetros diarios lo que muestra en gran medida nuestro talante de ciclistas "contemplativos".

Finalmente desechamos esta opción debido a varios factores: las condiciones climatológicas en Suecia se preveían aún más duras que en Dinamarca, el precio que podían alcanzar en este país los productos básicos, incluida la cerveza, eran desorbitados, y las condiciones para la práctica ciclista son inferiores que en el país vecino. El que la guía Michelin (htt//www//viamichelin.net) destacara la costa que Danesa que discurre entre Copenhague y la norteña Helsingor también nos ayudó a quedarnos en Selandia y al final el contacto con Suecia fue únicamente testimonial, mediante una incursión en ferry a la vecina Helsingborg (se parece a su homóloga danesa pero no son la misma ciudad).

Tras estas consideraciones, comencemos a contar lo que fue el viaje en esta primera parte que hemos llamado planteamiento. Como decíamos Dinamarca nos seducía por ser un país muy llano, bien acondicionado para recorrerlo con una bicicleta y bello para ser conocido. La fecha, la única posible para nosotros: la semana de Semana Santa. En total han sido 7 días plenos de disfrutar de una pasión que repetimos año tras año: conocer una región mediante la práctica de nuestro deporte favorito: el ciclismo.

El viaje de ida duró más de lo previsto por los problemas de Easy Jet en el aeropuerto de Stansted al facturar las bicicletas sin empaquetar (tomar nota para otra vez). Nos hicieron perder nuestro avión que salía para Copenhague a las 10 de la mañana y tuvimos que partir en el de las 13:30, después de pasar toda la noche en el aeropuerto y perder una mañana en nuestro lugar de destino.

Una vez en Kobenhavn (que así lo llaman ellos), la lluvia y un tiempo desapacible nos dio la bienvenida. En fin, el país nos recibía con los augurios más pesimistas sobre las condiciones climatológicas. Afortunadamente y como descubrimos más adelante, eso de "la inestabilidad temporal" tiene sus ventajas, porque el tiempo también tiene la virtud de cambiar a mejor en cuestión de minutos, algo chocante para tres oriundos mesetarios como nosotros.

O sea, que una vez montadas las bicicletas en un rincón del impoluto aeropuerto de Kobenhavn, el sol se abrió paso entre las nubes negras dando lugar a una bonita tarde, más de otoño que de primavera, pero sin lluvia, y sin apenas rastro de ésta en el asfalto. Con lo cual podíamos comenzar ya a dar pedales en lugar de abordar la ciudad en tren, que era lo previsto en un principio al recibirnos la lluvia.

La siguiente sorpresa fue comprobar como un carril bici perfectamente acondicionado nos esperaba para conducirnos directamente a la ciudad. Las tensiones de las últimas horas parecían diluirse y el viaje comenzaba realmente.

Continuará en próximos números del Ciclo Times...