Paseos blindados

El Periódico. Patricia Castán

Barcelona. 08/02/04.

  • Ciclistas residentes en Ciutat Vella denuncian una ola de robos en el Born y el Raval
  • Los afectados viajan con tres cadenas encima para asegurar sus bicis

    Más ligeras que las motos y mucho más fáciles de desmantelar, las bicicletas se han convertido en objeto de deseo de decenas de ladrones adictos al mínimo esfuerzo. Su escenario favorito en los últimos tiempos es Ciutat Vella, donde calles estrechas y porterías oscuras facilitan las misteriosas desapariciones. El suministro está asegurado: bohemios, ecologistas y devotos de la bici tienen en el Born y el Raval un punto de encuentro. Y los chorizos lo saben.

    Víctor T. conoce el barrio y no baja la guardia, pero las precauciones son pocas. Aparcó la bici hace unos días en la ronda de Sant Pau y la encadenó a un poste, como siempre. Inútil. "Vi que un hombre, magrebí, llamaba por el móvil cuando la dejé". No quiso ser malpensado. Pero la bici fue vista y no vista, según le explicó después un viandante. La red de delincuentes está permanentemente en contacto para detectar la presencia de las bicis, avisar a sus compinches y sustraerlas en menos que canta un gallo. "No les importa que haya gente, ni que estén atadas", se lamenta la víctima.

    Restos de serie

    La precaución. Una bicicleta, sujeta con dos candados en Barcelona. Foto: ELISENDA PONS

    Tras la denuncia, la indicación que le hizo la Guardia Urbana le dejó aún más estupefacto: "Me dijeron que fuese más tarde a la plaza de Catalunya y que la encontraría entera o por partes", relata. El mercado negro de piezas robadas se ha convertido en un lucrativo negocio tanto en plena calle, como incluso en algunos talleres. "Ya no tenemos piezas de segunda mano", relata, a la defensiva, un dependiente de una tienda especializada. El experto confiesa que no era normal que les llegase "tanto" género usado.

    Sillines, ruedas y accesorios de todo tipo son los elementos más rentables para un ladrón de bicicletas de medio pelo, que no esté dispuesto a partir cadenas. Ésa es la razón por la que puntos de la Ribera, de la plaza de la Villa de Madrid y del entorno del Macba se han convertido en una especie de cementerio de bicis, donde los cuadros o piezas identificables por los propietarios languidecen amarrados o en el suelo.

    "Me quedé de piedra cuando fui a llevar la bici a un taller y descubrí que estaban reparando una que me habían robado hacía semanas", cuenta Marina. La joven, ciclista incondicional y escarmentada --ahora lleva tres cadenas--, había personalizado tanto su vehículo que no le cupo duda.

    Consiguió que el mecánico le facilitase la dirección de la nueva propietaria y la buscó para mostrarle fotos de su vieja bici. No pudo negar la evidencia, así que se dirigieron juntas al local donde había sido revendida, y a base de amenazas lograron el reembolso para la última dueña. Por una vez, hubo final feliz.